CIUDAD DE LA PLATA - Bs. As. Argentina

lunes, 21 de febrero de 2005

REGULARIDAD E IRREGULARIDAD MASÓNICA

Masonería Especulativa ¿Una y Universal?
Regularidad e Irregularidad Masónica


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Masonería Ibero - Americana en Internet®


El presente artículo fue extraído de la Web: http://www.msnr.org/masonería0001.htm

Quiere la tradición, convertida en costumbre, que, antes de entrar a trazar su contenido, encabecemos los masones nuestras planchas con el lema "Masonería Universal", completándolo con el adjetivo que corresponda al Oriente de la nacionalidad de nuestra residencia: Así, el adjetivo será: "Familia Española", "Peruana", "Venezolana", "Mexicana", "Cubana" y un largo etcétera que comprende casi a cuantos países existen sobre la faz de la tierra.
Mas, universalidad nada tiene que ver con uniformidad, así, en nuestros días, tenemos una Masonería anglosajona, con derivaciones en el mundo germano y nórdico europeo, tributaria de los que fueron sus padres fundadores: clérigos, pequeño burgueses, aristócratas ilustrados y, unos años más tarde, la realeza con su entorno aristocrático, a la que se sumó la gran burguesía de la época, enriquecida desde los primeros atisbos de revolución industrial.
En estos países, coincidentes con los de mayoría de religión cristiana protestante, por el origen social de la mayoría de sus miembros la Masonería especulativa, o moderna, creció y se desarrolló como una fuerza eminentemente conservadora, íntimamente ligada a los poderes eclesiástico y temporal y, por lo tanto, sin verse sometida a persecuciones de ninguna clase, ni tener problemas de índole alguna para su desarrollo y consolidación.
Por el contrario, en los países latinos, un mundo dominado por la iglesia católica y su brazo secular, las monarquías absolutistas, la Masonería especulativa nació y creció hija legítima de ciudadanos ansiosos de libertad, de universitarios plenos de inquietudes intelectuales, de revolucionarios precursores de las actuales democracias... Al punto que se puede afirmar sin faltar a la verdad que la Masonería de los países de idioma latino nació de la clase pensante, de los que luego serían conocidos como enciclopedistas, librepensadores y, más tarde, liberales.
Desde los primeros momentos de la aparición pública de la Masonería especulativa, los ideales de libertad de los que en dichos países de lengua latina eran generadores y abanderados los masones, hizo que estos chocaran abiertamente con las monarquías totalitarias, de las que la propia iglesia católica formaba parte y era adalid, con poder para coronar emperadores y legitimar dinastías reinantes. La confrontación de ideas entre dos mundos, a un lado el viejo régimen, al otro la democracia, de la que la Masonería ya era génesis, desencadenó las persecuciones ya desde los primeros años del siglo XVIII. Dando lugar a que la Masonería en los países en los que la religión dominante era el catolicismo romano y el régimen político totalitario, se viera obligada a mantenerse oculta, secreta y políticamente activa contra los absolutismos, fueran estos seglares o eclesiásticos.
Las ideas de libertad proclamadas por la Masonería prendieron rápidamente en las colonias inglesas del norte de América. Muy pronto las Logias masónicas de aquel territorio, en aquel entonces de composición social muy distinta a las de Inglaterra, se convirtieron en el foco y cuartel general de la revolución naciente contra la dominación de la Corona Británica en sus colonias del nuevo continente.
Es conocido que la participación de la Masonería llegó a ser tan decisiva en la independencia de las colonias británicas en norte América, que las principales figuras independentistas fueron masones destacados, lo mismo que lo fueron un buen número de los firmantes de la famosa declaración de independencia, un auténtico documento masónico..
Durante la revolución americana se usó por primera vez con un sentido político el trilema masónico: LIBERTAD IGUALDAD FRATERNIDAD, el mismo que pasaría a la historia de la humanidad por ser el adoptado por los franceses como lema de su revolución, al estallar esta pocos años más tarde. Adopción que prueba, mejor que ningún otro argumento, la participación decisiva de las Logias masónicas en la gestación intelectual de dos pasos decisivos para la libertad: La Declaración de los Derechos del Hombre y la Revolución Francesa... previa a la instauración del terror revolucionario.
Hija también de la Masonería es la voluntad de independencia que, como fruto de la perfidia personal y la impericia política del rey felón ( Fernando VII), se extiende por los virreinatos, capitanías generales y audiencias, tras la reimplantación en España del totalitarismo borbónico. Masones serán los inspiradores y líderes del proceso de independencia de la América hispana, figurando sus nombres en un puesto de honor entre los padres de los nuevos países que van surgiendo.
Como también la unidad italiana es hija de la Masonería, al encabezar esta el movimiento que habría de llevar al pueblo italiano a acabar con la aberración de los Estados Pontificios y expulsar a austriacos y franceses de la península italiana, dando nacimiento a la moderna Italia.
Mientras tanto, la Masonería anglosajona colabora activa y notoriamente en el proceso colonialista que dará lugar durante el siglo XIX al establecimiento del Imperio Británico.
A pesar de sus características plenamente diferenciadas, durante algo más de siglo y medio la Masonería moderna, o especulativa, fue capaz de mantener una imagen de unidad universal. Situación que se mantuvo hasta que, ya liquidado el Imperio español, Francia e Inglaterra decidieron repartirse el mundo, iniciando el Imperio Británico una lucha sorda por ganar zonas de influencia y conservar las ya alcanzadas.
Así, con el pretexto de que el Gran Oriente de Francia en 1877 decidió el cambio de sus Estatutos y en 1884 el de sus rituales; prescindiendo con dichos cambios de la obligatoriedad de la creencia en Dios y la Biblia, así como de la invocación al Gran Arquitecto del Universo, quedando con ello en libertad sus miembros de creer o no creer y de mantener o no la presencia de la Biblia en el Templo, la Gran Logia Unida de Inglaterra rompió las relaciones con el Gran Oriente de Francia y, erigiéndose en una especie de Primado o Papado Masónico, organizó todo el sistema de reconocimientos, regularidades e irregularidades que ha llegado hasta nuestros días.
Insisto en que las modificaciones introducidas por el Gran Oriente de Francia en sus estatutos y rituales, no fueron nada más que un pretexto utilizado por la Gran Logia Unida de Inglaterra para justificar la ruptura de la unidad universal, ante las Grandes Logias de los países del ámbito de influencia diplomática de Inglaterra; lo que en forma alguna quiere decir que dichas modificaciones fueran legítimas, pues la Masonería es una y universal y ninguna de sus partes puede introducir modificaciones que afectan al conjunto.
Pero, el auténtico motivo de tal ruptura, no fue otro que la rivalidad política y económica entre la Francia republicana y el Imperio Británico, con origen en la prepotencia británica y sus deseos de controlar la Masonería en sus zonas de influencia. Mas, sobre todo, fue una medida política encaminada a cerrar sus colonias, y aun la metrópoli, a los ideales propugnados por la Masonería en los países católico-romanos, en especial para que las referentes a la libertad de los pueblos no atentaran contra la integridad del Imperio Británico, poniendo en peligro el control de las materias primas necesarias para la revolución industrial en marcha y para su asentamiento como primera potencia mundial.
En los Estados Unidos de América, la Masonería, que se mantuvo alineada ideológicamente con la latina durante el nacimiento del país y su guerra de independencia del Imperio Británico, con el transcurrir de los años, al consolidarse el despojo territorial tras el consiguiente aniquilamiento de los nativos y, una vez consumada a costa de México la anexión de las dos terceras partes de su territorio actual, la Masonería de la potencia mundial naciente se fue identificando con las posturas de su prima hermana británica, lo que resulta comprensible si consideramos el claro espíritu imperialista de ambos países. Sin olvidar que en ellos las Logias se nutren principalmente de miembros de los mismos ambientes socio económicos, por lo general íntimamente ligados al conservadurismo político y religioso.
La Masonería de las jóvenes naciones hijas de los virreinatos, capitanías generales y audiencias españolas en América, aunque sin perder nunca sus ondas raíces europeas y latinas, en buena parte quedó en la zona de influencia de la Masonería de los Estados Unidos de América, la que, como el gobierno de su país, considera a todo el Continente Americano sometido a sus intereses.
Para proteger dichos intereses, la Masonería de los Estados Unidos de América domesticará con el sistema de reconocimientos, regularidades e irregularidades de origen británico, a muchas de las Grandes Logias hispanas, las cuales permanecerán silenciosas durante más un siglo ante el saqueo de las materias primas al que son sometidos sus países y al mantenimiento del control político y económico por parte del Imperio Americano. El que, ya en la segunda mitad de nuestro siglo, en el transcurso de la llamada guerra fría, no dudará en mandar a sus marines para defender los intereses de su oligarquía económica, o utilizará a sus servicios secretos para apoyar golpes de estado y mantener dictaduras atroces en la América hispana, con el pretexto de luchar contra el comunismo.
Para que permanezca callada, ciega a la realidad que la rodea y de espaldas a sus orígenes, el mundo anglosajón dispondrá que la Masonería en ningún caso debe participar en política, ni opinar de religión y, aquella Obediencia que lo haga será declarada irregular, desconocida y apartada de las Grandes Logias auto proclamadas regulares.
Esta situación dará lugar al nacimiento de innumerables Obediencia de ámbito nacional, no conformes con la dictadura impuesta por las de dependencia anglosajona. Muchas de estas nuevas Grandes Logias, de alguna manera y durante un tiempo, serán controladas por el Gran Oriente de Francia, entregado por su parte a una determinada línea política y fiel a los intereses de Francia.
El problema principal de algunas de estas Obediencias que se niegan a someterse al control anglosajón, es que actúan cada una volcada a intereses nacionales, cayendo muchas veces en los mismos vicios, aunque de signo contrario, que achacan a las que se autoproclaman regulares.
Creo que con lo dicho queda suficientemente demostrado que la supuesta unidad de la Masonería no ha existido nunca, aunque si sea cierta la universalidad, pues aún en los pocos países en los que nuestra Institución no está presente, por conocidos condicionamientos de política profana o fanatismo religioso, son innumerables los corazones en los que anida el espíritu masónico.
Así, no teniendo existencia real en aquellos países lo que, para entendernos, podríamos llamar "cuerpo administrativo de la Orden", su luz alumbra a cuantos están imbuidos del deseo de progreso moral y evolución espiritual que caracteriza a los que, aun si ellos saberlo, participan del cuerpo espiritual de la Masonería. Es decir, de aquellos a los que cariñosamente conocemos como "masones sin mandil".
Mas universalidad no quiere decir uniformidad, como ya decía antes y, la Masonería, que es un cuerpo vivo y por lo tanto en constante evolución, se expresa con distintas sensibilidades, originadas por los condicionamientos sociológicos, políticos, religiosos y culturales de los diversos países. Distinguiéndose, aun dentro de las familias nacionales, matices que hacen que surjan diferentes Obediencias.
Cierto es, también, que estas diversas expresiones a veces son tan solo consecuencia de personalismos no deseables y que, en todo caso, la tendencia debería ser no ahondar en las diferencias, para tener solo en cuenta los puntos de identidad; renunciando a los personalismos y propiciando una tendencia a la federación o confederación de los distintos cuerpos masónicos que, salvando las diferentes interpretaciones y la independencia en el funcionamiento de cada miembro, permitan la coordinación entre ellos.
De ahí nace la necesidad de ir a la constitución de una Confederación Masónica Iberoamericana, la que, respetando las distintas identidades de nuestros pueblos y la soberanía en cuanto a los asuntos puramente nacionales, se encargue de la coordinación internacional de todas las actuaciones masónicas, presentando una única organización con la que negociar reconocimientos y relaciones y, con la suficiente fuerza y prestigio como para ser salvaguardia de la democracia y la libertad de nuestros pueblos, contra todo tipo de intento desestabilizador o de neocolonialismo, sea este económico o político.
Sírvame para ilustrar la idea, simbólicamente y a modo de ejemplo, la imagen de un cuerpo humano en el que los distintos miembros que lo componen tienen existencia propia y, en lo que los compete individualmente absoluta libertad de movimientos, pero en todo lo que afecta al conjunto del cuerpo la coordinación es absoluta, sin que los unos pierdan su identidad ni su facultad de individualidad de movimiento.
Esa sería la imagen que mejor definiría la Confederación Masónica Iberoamericana que propongo constituir, consciente de que el camino será largo, difícil e ingrato de seguir. Mas creo firmemente que no se trata de un imposible, sino muy por el contrario de una posibilidad de futuro para nuestra Institución, hoy herida de gravedad y en trance de extinción en muchos países.
Por otra parte, creo que es necesario hacer una definición de lo que es la Masonería regular y cuales son sus límites, pues si bien es cierto que lo que no evoluciona esta condenado a desaparecer, también lo es que una evolución descontrolada puede llevar fácilmente a la disolución del concepto matriz e incluso a su olvido.
Creo que todos podemos aceptar que fueron los masones ingleses los que dieron nacimiento a la Masonería especulativa o moderna, al propiciar la recopilación de la ley masónica en las Constituciones de Anderson y Reglamentos Generales publicados por primera vez en 1723. Debiendo admitir, por lo tanto, que en aquel momento la Masonería de Inglaterra tuvo pleno derecho a dictar normas sobre los requisitos que había que reunir para ser considerado masón especulativo, o un grupo de ellos unidos en distintas logias, una Obediencia masónica.
Claro está que ese derecho no puede perpetuarse por los siglos de los siglos, pues, la propia pertenencia a la Masonería, previo cumplimiento de las normas que pudiéramos llamar fundacionales, invistió de iguales derechos a los masones y Obediencias que acataron aquellas leyes fundamentales en su origen, y cuantos masones a lo largo de los siglos han sido iniciados por quienes a su vez lo fueron legítimamente, tienen la misma capacidad de iniciar y constituir nuevos cuerpos masónicos, sin que ningún tipo de corporativismo dé derechos a unas Obediencias o a unos masones que estas o estos no reconocen a las demás Obediencias o masones.
Es por ello que, para cualquier masón que entienda y viva el Arte Real, lo único que caracteriza y confiere la calidad de masón a un profano es su iniciación a la Masonería con arreglo a las tradiciones, leyes, usos, costumbres y ritos de la Masonería, y su posterior acatamiento y cumplimiento del conjunto de esas normas. En su consecuencia, lo que convierte a una asociación, federación o confederación de logias en una Obediencia Masónica Regular, sea Gran Logia o Gran Oriente, es el respeto y fidelidad a esas mismas tradiciones, leyes usos y costumbres, tanto en el proceso de su constitución como en su posterior hacer cotidiano, sin que influya para nada en su condición el reconocimiento o la falta de reconocimiento que reciba de otras Obediencias.
He dicho
Zorobabel, 33º

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